Capítulo II, El Regreso

No hay sueño más grande en la vida que el Sueño del Regreso.

Alejandro Dolina

-Mi señor, quería informarle que dentro de unos minutos saldremos del hiperespacio.

-Gracias Nabuk, y por favor despierta a mi hermana Kusit y dile que nos vemos en la cabina de mando… Y… a propósito ¿A qué distancia de KI, saldremos del agujero de gusano?

-Exactamente a 4,2 millones de kilómetros, mi señor. Y estaremos orbitando el planeta en 10,5 horas más.

De pronto, un gran curvatura del espacio comenzó a producirse hasta culminar en una abertura desde donde surgía la poderosa nave, el Aldebarak.

Ansk, recostado en su recámara real de la nave espacial dromkita, se puso de pie, arregló un poco su apariencia y se encaminó hacia la cabina de mando, mientras Nabuk iba en busca de Kusit.

La Aldebarák, era una nave interestelar construida especialmente para la exploración y colonización de planetas, la que podía hacer viajes por toda la galaxia abriendo agujeros de gusano con sus poderosos generadores electromagnéticos. Con una tripulación de 34 dromkitas, podía llevar hasta 300 pasajeros, más todo el equipamiento que fuera necesario para cumplir con sus misiones. En esta oportunidad sólo traía a 2.

La nave estaba conformada por 3 grandes triángulos equiláteros unidos; el primero por su base con la punta del segundo y éste a su vez, estaba unido por su base a la punta del tercero, como formando un árbol de tres secciones triangulares. Desde el vértice que une a 2 de sus lados hasta su base, cada triángulo medía 100 metros de largo y, de lado, cada uno medía 90 metros, siendo una nave de 300 metros de largo en total, con 9 pisos de altura y un ancho variable dependiendo en que sección de los triángulos equiláteros uno se encontrara.

En su camino hacia la cabina de mando, Ansk se detuvo en una de las claraboyas de la nave, a través de la cual se podía admirar la vasta profundidad del espacio tapizada de estrellas. Y mientras observaba, ansioso, recordó con nostalgia su estancia de casi 435 mil años en Ki, rememorando todas sus peripecias, todos los desafíos enfrentados, la íntima relación que había construido con los seres del planeta y las penurias sufridas, más los constantes desacuerdos con su hermano Anskut y los miembros del consejo de los dioses. Se encontraba sumido en esos pensamientos cuando apareció Kusit.

-Ansk ¿Y qué haces aquí hermano mío? Por tu semblante puedo ver que estás ansioso por llegar a Ki…¿Verdad?

-Si kusit, fue duró para mí tener que dejar el planeta y abandonar a sus habitantes.

-También lo fue para mí Ansk, pero era necesario. De no haberlo hecho habríamos sucumbido a los profundos cambios que se estaban produciendo en nuestro ADN debido a nuestra tan prolongada permanencia en una planeta cuyos ciclos vitales son tan distintos a los de nuestro amado Dromk.

Sí, lo sé…Y ambos se dirigieron hacia la cabina de mando.

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