¡Hola! ¿Cómo están? Hoy les compartiré algo completamente diferente. Se trata de una historia que comencé a desarrollar hace algunos años atrás y que nació como un intento creativo de probar como era esto de escribir acerca de algo ficticio, de inventar una trama, crear personajes, darles vida e intentar enseñar algo a los lectores a través del relato.

La temática tiene que ver con el fin del mundo actual y el futuro desarrollo de una nueva civilización basada en el uso de la mente. La inspiración nace durante los años 2012, 2013, producto del constante bombardeo televisivo sobre programas del fin del mundo transmitidos en canales de TV cable como History channel, Discovery channel, entre otros, y a películas, libros y revistas que se hicieron parte de este fenómeno por esas fechas. Inicialmente sería un pequeño cuento, pero que de a poco se fue convirtiendo en una novela. Vamos entonces con el Capítulo Nº 1

Capítulo I, Enero 31 de 2551 – La historia

-Zoltan, Zoltan, por favor….., cuéntanos la historia de nuestro pueblo, por favor, por favor te lo pido…. imploraba Ergon con insistencia, uno de los muchachos del grupo que estaba a cargo de Zoltan, un Maestro especialista en el desarrollo de la capacidad telepática en la escuela Oversen en la ciudad de Atlantis.

Zoltan, pensativo, visualizó por un instante toda la historia transcurrida desde la destrucción casi total del medio ambiente terrestre, 550 años antes y dijo a Ergon y a sus compañeros…

-Bien, aunque en el futuro todos podrán acceder a la historia de nuestro planeta y de nuestro pueblo directamente desde los archivos Akashicos, siéntense todos formando un círculo a partir de mí que les voy a relatar nuestra historia.

-Gracias, gracias, gritó Ergon, pero hazlo con palabras por favor, no uses la telepatía.

-De acuerdo dijo Zoltan con una sonrisa, lo haré como tú lo pides si es que todos los demás están de acuerdo.

-Siiiiiiii, dijeron todos los muchachos al unísono. Sus edades fluctuaban entre los nueve y los doce años.

El lenguaje hablado, si bien aún se utilizaba, era común que todos se comunicaran por medio de la telepatía. Esta forma de comunicación era completa, no permitía la falsedad y, por tanto, era veraz, era eficiente, no dejaba espacio para las malas interpretaciones y era prácticamente instantánea. Las palabras en cambio, eran todo lo contrario, pero su uso, permitía desarrollar la imaginación, ya que dejaba espacio a la subjetividad, para que cada cual interpretara e imaginara a su gusto el relato o la idea que se transmitía. La telepatía no permitía eso, ya que el mensaje era lo que era, sin más. Por eso los muchachos pedían a Zoltan que usara el lenguaje hablado para contarles la historia, era más entretenido.

Y rápidamente los muchachos hicieron lo que Zoltan les pidió. Y así, con un tono solemne, Zoltan comenzó diciendo……

Atlantis es un pueblo que reúne a todos los pocos sobrevivientes terrestres; seres humanos y algunos otros animales y plantas que lograron sobrevivir al gran cataclismo medioambiental, producto de la convergencia de fenómenos naturales y otros causados por el hombre que se produjeron más o menos al mismo tiempo hace unos 550 años atrás en los inicios del siglo XXI.

-Zoltan, antes de que sigas ¿Por qué nuestro pueblo se llama Atlantis? Pregunto Lauren.

-Pues se llama Atlantis en honor a Sir Francis Bacon, un famoso filósofo, científico y escritor inglés del siglo XVI, quien escribió un libro llamado “La Nueva Atlántida”. Ahí narraba la historia de una ciudad, situada en una región del mundo desconocida, en la que se desarrollaba una nueva sociedad totalmente distinta de las que prevalecían en esa época, donde los hombres vivían felices. La finalidad de esta comunidad tal y como lo expresaba Bacon, era la búsqueda y obtención “del conocimiento de las causas y movimientos secretos de las cosas, así como la ampliación de los límites del imperio humano para hacer posibles todas las cosas”. Así pues, la Atlantis actual, es una nueva sociedad donde hemos hecho posible el sueño de Bacon, ya que vivimos felices haciendo con nuestra mente que todas las cosas sean posibles.

-Pero volvamos al relato. Todo comenzó alrededor de 300 años antes del colapso, en el siglo XVIII, en lo que en la historia de la humanidad se conoce como la Era Industrial. Los seres humanos de esa época iniciaron un proceso de total transformación de los medios para producir y fabricar cosas, con grandes inventos que le permitieron al hombre dominar rápidamente a la naturaleza y a todas las formas de vida del planeta, ya que se aceleró bruscamente la construcción de un mundo artificial, paralelo al mundo natural que llevó a la humanidad a comprometer la vida en la Tierra.

Se crearon grandes máquinas; como los trenes, los barcos a vapor, los automóviles y los aviones que permitieron acortar las distancias entre los países y las localidades distantes. Se inició la explotación masiva de minerales y se construyeron grandes refinerías para procesarlos y enormes fábricas donde se elaboraban diferentes tipos de productos, de maquinarias y donde trabajaba una gran cantidad de personas para fabricarlos.

Así fue que de pronto, todo cambió, todo se aceleró como nunca antes había sido hecho. Cambió la forma de organizarse, la forma de trabajar, las necesidades de las personas, la economía, la forma transportarse, la producción y acceso a la comida, al dinero, y por sobre todo cambió la forma de relacionarnos entre nosotros mismos, como seres humanos y con nuestro medio natural. Todos esos cambios generaron un tremendo deterioro de nuestro planeta, la Madre Tierra, ya que comenzamos a vivir “de ella”, a explotarla, en vez de “vivir en ella” en armonía, respetándola.

La contaminación ambiental fue aumentando velozmente con el paso de los años. Los hombres de esos tiempos, contaminaron el aire y el agua con los desechos de sus fábricas, de sus automóviles. Lugares que eran hermosos y exuberantes en formas de vida fueron desapareciendo lenta, pero inexorablemente, producto de la tala indiscriminada de los bosques para transformarlos en terrenos para la producción masiva de productos agrícolas y ganaderos, o para la construcción de fábricas o urbanizaciones donde la gente pudiera vivir.

Contaminaron los alimentos que venían de la tierra por el exceso de pesticidas y otros variados productos químicos que se utilizaban para combatir las plagas de insectos y enfermedades de las plantas. Con el afán de producir más y de alimentar a más personas, entonces idearon nuevas técnicas para preservar los alimentos naturales mediante el frío y el uso de algunos químicos, métodos que finalmente produjeron una degradación de su poder alimenticio y se convirtieron en generadores de toxinas para el cuerpo humano. Se desarrollaron también los productos refinados, carentes de nutrientes y llenos de ingredientes contaminantes.

La transgenia que consistía en manipular genéticamente las semillas de plantas para hacerlas más resistentes a las plagas o a condiciones medioambientales extremas y la manipulación genética de animales para la creación de clones, transformó la agricultura y afectó negativamente la biodiversidad de la flora y de la fauna causando serios trastornos en la ecología y en la cadena alimenticia de los insectos y animales que vivían de ellas. Las abejas, por ejemplo; las grandes polinizadoras naturales, comenzaron a morir y a desaparecer, y los seres humanos tuvieron que idear nuevos métodos de polinización con un tremendo costo en recursos y dinero, para lograr sólo una ínfima parte del trabajo que hacían miles de millones de abejas que murieron por culpa del hombre.

Contaminaron la carne de los animales que consumían, porque para hacerlos engordar más rápido les daban una gran cantidad de antibióticos y de hormonas, a parte de los pastos que era su comida natural, lo que hizo que los seres humanos, más tarde no pudieran defenderse apropiadamente de las enfermedades infecciosas porque se habían vuelto inmunes a los antibióticos que se utilizaban para combatirlas, por el hecho de consumir carne animal, que estaba llena de esos productos.

Todos los mares se contaminaron, principalmente con los desechos de los barcos y la gran cantidad de contaminantes que les llegaban a través de los ríos que desembocaban en ellos, que a su vez, se contaminaban con la mugre que vertían las fábricas y la red de alcantarillados de las ciudades. Así que todos los productos marinos que comían estaban contaminados, envenenando poco a poco a quienes los ingerían.

Y así, los humanos fueron progresivamente contaminando consistentemente sus cuerpos con alimentos de mala calidad, llenos de toxinas y con la adopción de una práctica que se llamó “sedentarismo”. El ser humano dejó de moverse naturalmente, caminando o corriendo, lo hacía en automóviles, en motocicletas, en aviones. Cada vez hubo menos necesidad de caminar y de hacer ejercicio, ya que todo estaba al alcance de la mano y, cómo había mucha comida, la gente satisfacía sus necesidades alimenticias con abundancia y hacía poco ejercicio físico, provocando una sociedad de gordos envenenados, de gente con sobrepeso y aparecieron nuevas enfermedades que llamaron degenerativas, como las enfermedades cardiovasculares, los diferentes tipos de cáncer, la diabetes, la osteoporosis, la artritis y tantas otras enfermedades que se hicieron muy comunes en un momento de nuestra historia.

Las ciudades crecieron y crecieron, transformándose en lugares donde vivía mucha gente, toda hacinada, llenas de ruido, de aire contaminado, de stress, de violencia, de mucha violencia, donde sólo unos pocos tenían acceso a una calidad de vida aceptable. De mil millones de seres humanos que habitaban el planeta cuando comenzó este cambio, 7 mil millones eran al cabo de 300 años. 7 mil millones de personas que el planeta tenía que alimentar, 7 mil millones de personas cuyos desechos debían ser reciclados diariamente y satisfacer las necesidades depredadoras de esas 7 mil millones de personas basadas en la promesa de lo que los seres humanos llamaron, “Progreso” y estas cantidades siguieron aumentando.

A medida que todo esto se desarrollaba, más cosas nuevas se inventaban, más cortos eran los ciclos entre que se ideaba una nueva maquinaria o una nueva tecnología y ésta se transfería al mercado para que la gente pudiera adquirirla. Se creó una sociedad extremadamente materialista, todo comenzó a perder su verdadero valor, todo se convirtió en un negocio, todo tenía precio, todo se podía comprar, sólo el dinero tenía valor.

Y como les dije al principio de este relato, los seres humanos comenzaron a incomunicarse entre ellos mismos, a pesar de que tenían aparatos que les permitían estar comunicados al instante. Las familias ya no tenían tiempo para estar juntas, para compartir, para hablar, para prodigarse cariño. Las relaciones humanas se tecnificaron, se hacían por teléfono, por telefonía celular o satelital, por correo electrónico, por internet, medios que son hoy totalmente desconocidos para ustedes.

Y fue así que los humanos comenzaron a poner toda su atención hacia fuera de ellos, estaban absortos con las maravillas que les presentaba un falso progreso basado en el desarrollo tecnológico que los hacía dependientes y esclavos, y se olvidaron de ellos mismos, de mirar hacia su interior, de aquello que nos mantiene conectados con lo divino, con el resto de los seres, con el universo, con el medio natural donde vivimos, y los humanos se desequilibraron y se perdieron, perdieron el rumbo, el verdadero sentido de la vida.

Las guerras se hicieron más violentas, más destructivas, ya que se inventaron armas cada vez más sofisticadas y con un mayor poder de destrucción. Se inventaron las bombas atómicas, las que fueron usadas para matar gente y se lanzaron en dos ciudades del Japón: Hiroshima y Nagasaki, donde murieron más de 300 mil personas en un instante y quedaron miles de heridos y siguió muriendo gente durante varios años producto de la radiación.

Se desarrollaron armas químicas, las que fueron utilizadas en varias guerras. Las armas bacteriológicas también tuvieron su protagonismo y aunque tuvieron un afán más bien disuasivo sólo por el hecho de poseerlas, afortunadamente, nunca se usaron. No obstante algunos creían que varias enfermedades virales nuevas que aparecieron en escena a finales del siglo XX y principios del XXI, provenían de los laboratorios militares: tales como el sida, la gripe aviar y la gripe porcina.

Se crearon también otros tipos de armas, muy avanzadas, utilizando los principios del electromagnetismo, con las que se podía manipular el clima, generar terremotos y alterar la conducta humana.

El ser humano comenzó a vivir una época de oro desde el punto de vista material, pues se hicieron grandes avances tecnológicos que dieron la sensación de tener una mayor calidad de vida y progreso y, aunque había más de mil millones de personas que vivían en la pobreza, en el mundo había abundancia, parecía que la gente vivía mejor. Pero no fue la abundancia y la tecnología lo que hizo colapsar al hombre y su medio ambiente, fue la poca sabiduría para hacer un buen uso de ellas. Si, la sabiduría. El hombre se encegueció con su inteligencia, se convirtió en un arrogante, se creyó Dios, ya que podía controlar a la naturaleza a su antojo. Pero se olvidó que él era el resultado de esa misma naturaleza que lo había creado, que era parte de esa energía creativa universal que en sí misma es sabia, y aunque hubo intervención de otros seres en su creación como ser humano propiamente tal, fue eso lo que los llevó, en parte, al colapso final. Porque fue esa arrogancia y ese materialismo exacerbado, lo que les impidió ver y entender lo que pasaba, lo que les impidió cambiar el rumbo y tomar las salvaguardas necesarias.

La contaminación producida por los combustibles fósiles provenientes del petróleo con los que se movían las fábricas y los medios de transporte, generaron un efecto invernadero por los gases lanzados a la atmósfera que hacían de barrera para que el calor del planeta pudiera salir al espacio exterior, generando un aumento de la temperatura promedio en más de 7°C en todo el planeta provocando que cambiara la fisonomía de la Tierra. Lugares que eran vergeles se fueron secando, otros que eran fríos se templaron, pero los peores efectos se produjeron en el mar y en los polos. Producto del aumento de la temperatura de las aguas marinas, el plancton y las algas marinas comenzaron a sucumbir afectando toda la cadena alimenticia marina, diezmando las poblaciones de peces por la falta de alimentos. Los hielos de los polos se derritieron haciendo crecer el nivel de las aguas del mar, las que terminaron inundando varias de las ciudades costeras del mundo.

Así mismo, otros gases como los florurocarbonos, también producidos por el hombre, deterioraron a tal nivel la capa de ozono que protegía al planeta de la radiación ultravioleta del sol, que ésta dejó casi de existir, dejándonos expuestos a esa radiación, generando la proliferación de los cánceres a la piel en todos los seres vivos y destruyó mucha de la flora y fauna planetaria. Todo esto hizo aumentar enormemente la mortandad de los seres humanos, de los animales y de las plantas y afectó nuevamente a toda la cadena alimenticia de todos los seres vivos del planeta, produciendo efectos combinados que se fueron potenciando día a día y que los hicieron imparables e inmanejables.

Para colmo de males, tres fenómenos naturales, que de acuerdo con lo que sabemos hoy, son cíclicos en el tiempo, coincidieron en su manifestación con la crisis ambiental producida por el hombre y contribuyeron a darle mayor velocidad y dramatismo al desastre final. Me refiero a la disminución del campo magnético terrestre, que es el que permite desviar la radiación solar que llega al planeta y que hizo que ésta llegara con mayor fuerza y generara una mayor destrucción de la vida. A la inversión de los polos magnéticos y, por último, al aumento considerable de esta misma radiación solar que ya los científicos de la época sabían y habían comprobado que influía sobre el clima de la Tierra, lo que provocó serios efectos climáticos, generando grandes huracanes y tifones que arrasaron zonas completas de las costas en todos los continentes y la inversión de los polos que produjo grandes terremotos y maremotos que mataron a grandes cantidades de personas.

Así fue, que finalmente, el sol que nos daba vida, comenzó a darnos muerte y los seres humanos tuvieron que enterrarse y vivir a muchos metros bajo la superficie del planeta para poder sobrevivir.

Miles de millones de personas murieron rápidamente, fundamentalmente por la radiación solar, por los desastres naturales y por la falta de alimentos, ya que esa misma radiación mató también a todos los otros seres vivientes, incluida las plantas. La superficie del planeta se convirtió en un desierto, nada lograba sobrevivir en la tierra. Y si bien los mares no se secaron, la vida que había en ellos desapareció casi por completo. Sólo lograron sobrevivir las formas de vida que habitaban las grandes profundidades. Todo lo demás pereció.

Los seres humanos que lograron sobrevivir fueron tan sólo unos pocos en cada uno de los países que existían en esa época y, lo hicieron, utilizando viejos edificios subterráneos construidos para una eventual guerra nuclear y otros especialmente diseñados para resistir la catástrofe. Los que sobrevivieron, los habitaron por más de 400 años antes de poder volver a la superficie. Su vida fue muy dura, por la escasez de alimentos, de agua, de medicinas, de cosas básicas para la vida y también por las constantes luchas internas de poder que se daban en cada uno de estos grupos, producto de la escasez, el hacinamiento y la falta de esperanza en el futuro. Aunque muchos de los que se enterraron murieron, algunos lograron sobrevivir y crear una nueva sociedad, totalmente diferente a la anterior, basada en el principio de la conectividad universal.

– ¿Y qué es ese principio Zoltan? Preguntó Koken……

 

 

 

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