¡Hola! ¿Cómo les ha ido esta semana? Espero que la suma haya sido tan positiva, como lo fue para mi.

Hoy escribiré acerca de una práctica que, por desgracia, es muy habitual en nosotros, me refiero a nuestra tremenda capacidad de destruir ideas.

En una reunión de trabajo que tuvimos durante la semana que pasó, uno de los ejecutivos asistentes hacía referencia a un programa de ideas que habían estado impulsando en su organización, el cual había tenido cierto éxito, pero que actualmente se encontraba medio detenido y que de algún modo, producto de esta reunión, se sintió motivado como para darle nuevos bríos a la iniciativa. Mientras volvía a mi oficina, me puse a reflexionar acerca de lo que le había pasado a este ejecutivo en relación con el programa de ideas; me refiero específicamente a su motivación para re-impulsarlo. ¿Qué le pasó, qué lo hizo motivarse, que lo energizó?

Analizando con más detalle la situación, me di cuenta, que más allá de escucharlo, lo cual siempre es reconfortante para quien está hablando porque implica que hay interés y respeto por lo que se está diciendo, y discutir acerca de un tema que a él particularmente le interesaba, fue la buena acogida y disposición que mi compañera y yo tuvimos con respecto a su relato. El se sintió escuchado, validado y recibió aportes de parte nuestra, traducidos en nuevas ideas, basadas en nuestra experiencia, que le permitieron mejorar, en términos conceptuales, su programa, visualizando un nuevo alcance, nuevas mejoras, etc. En definitiva, en vez de desanimarlo con frases como: “no pierdas tu tiempo, esos programas nunca resultan”, co-construimos con él, aportándole con experiencias e ideas de cómo robustecer su programa.

En mi artículo Visión Sistémica de la Creatividad, que se encuentra en este mismo Blog, hacía referencia a la importancia del “contexto creativo, el cual corresponde al medio ambiente en el que nos desenvolvemos y que influye poderosamente en nuestra creatividad, impactando a las personas, al proceso y al producto creativo”.

Pues bien, nosotros, al igual que el resto de las personas, vivimos y nos desenvolvemos diariamente en nuestros propios contextos creativos; me refiero principalmente a nuestros hogares, trabajos, lugares de estudio, en donde estamos permanentemente interactuando con otros, compartiendo ideas. El punto es que la mayor parte del tiempo en vez alentar a otros a desarrollar su creatividad, estamos la mayor parte de las veces obstaculizándola, usando frases descalificadoras, sarcásticas, irónicas, ofensivas, que rebajan a las personas. Pueden ser obvias o sutiles, pero cumplen su función destructiva cuando afectan la iniciativa y la confianza de las personas.

De acuerdo con un artículo escrito por Ricardo López Pérez, de quien ya les he comentado en varias oportunidades, titulado “Frases que Matan la Creatividad”, hacía mención a dos tipos de frases: “las frases asesinas” y “las frases suicidas”. Las primeras son aquellas que nosotros hacemos en relación con el aporte de ideas que otras personas nos hacen y, las segundas, son pensamientos o frases que nosotros mismos nos hacemos, anulándonos mediante la auto-descalificación y auto-desconfianza.

Típicos ejemplos de frases asesinas son: “si lo que propones fuera tan bueno como dices, nosotros ya lo habríamos hecho hace tiempo”, “eso definitivamente no funcionaría”, “eso tomaría mucho tiempo”, “siempre lo hemos hecho así”, “estás exagerando, ese no es el problema, concéntrate en lo que estamos haciendo”, “no se te ocurre nada mejor”, “jamás resultaría”, “no perdamos más tiempo”, “esa es una mala idea”, “siempre pensando en tonterías”, “eres un soñador, aterriza”, “en vez de pensar tanto, dedícate a trabajar” y muchas otras.

Típicos ejemplos de frases suicidas: “Yo no sirvo para esto”, “no puedo hacerlo o nunca podré hacerlo”, “no me han dado la oportunidad”, “ya se me pasó el momento”, “tengo mala suerte y no saco nada con esforzarme”, “no logré nada porque me perjudicaron”, “me muero de miedo” y muchas otras.

Si nosotros hacemos un análisis de nuestro comportamiento en el día a día, estoy seguro que nos daremos cuentan que muchas veces, consciente o inconscientemente, estamos pronunciando frases como las descritas, las cuales resultan muy destructivas. Nosotros siempre estamos pidiéndoles a los demás, sobre todo en el trabajo, que aporten con ideas, sin embargo, a la hora de recibirlas, los descalificamos con frases como éstas. Y lo peor de este comportamiento, es que matamos la creatividad de las personas porque cuando a alguien se le rechaza su aporte, éste se cierra, se desmotiva y seguro, que a partir de ese punto, será muy difícil que esté dispuesto a entregar su contribución creativa: “para qué, para qué exponerme si realmente no hay interés en mis aportes y me descalifican permanentemente”. (vea este video: https://www.youtube.com/watch?v=_UXM0Myvh1Q)

¿Y por qué somos tan descalificadores con los demás y con nosotros mismos? Bueno, desde mi punto de vista y en mi opinión, hay al menos 3 razones:

  1. Nuestro pensamiento crítico, convergente o vertical. Nosotros estamos la mayor parte del tiempo “habitando este espacio mental” o pensando de esta manera, es decir; estamos la mayor parte del tiempo analizando, evaluando y tomando decisiones con respecto a las cosas, haciéndolo además desde nuestras propias estructuras o patrones mentales.
  2. Nuestras estructuras o patrones mentales. Esto como ya les comenté en el artículo “Pensar fuera de la Caja” determinan nuestros comportamientos y hacen que cuando pensamos críticamente, analizando, evaluando y decidiendo, lo hacemos en base a estos patrones que no necesariamente son correctos o son parciales. Por ejemplo, muchos de nosotros tenemos instalado el patrón de que sólo existe una única respuesta correcta, una única solución a un problema, la que habitualmente es la nuestra y, la experiencia nos demuestra, una y otra vez que esto no es verdadero, pero toda la realidad la interpretamos desde nuestros propios patrones y esa es nuestra única verdad. Por tanto, cuando alguien nos propone algo que atenta contra estos patrones, nuestro pensamiento crítico que opera desde el neo-córtex, hace que lo rechacemos de inmediato y lo verbalizamos con frases como las expuestas. Pero existe otro factor, me refirió al cerebro reptiliano.
  3. Nuestro cerebro reptiliano o de cocodrilo. El cerebro reptiliano es uno de los tres cerebros con los cuales contamos los seres humanos (teoría desarrollada por el Dr. Paul Maclean en los años 50 – cerebro triuno:  reptiliano, límbico y neo-córtex). El cerebro reptiliano es el más antiguo, tiene del orden de 500 millones de años y controla la vida instintiva. Tiene 4 funciones básicas frente a un estímulo externo: arrancar frente a un peligro, luchar en caso de necesidad, ya sea por defensa o alimentación, apareamiento para perpetuar la especie y, en caso de no estar determinado de qué tipo de estímulo se trata, nos mantiene quietos “intentando ser invisibles” hasta que podamos interpretar de qué estímulo se trata, para actuar de acuerdo a las tres opciones antes mencionadas. Este cerebro ha sido y es muy valioso porque es el que nos ha permitido y permite sobrevivir todos los días. El problema es que este cerebro, hace que los seres humanos nos sintamos siempre amenazados por nuestro medio ambiente, lo cual nos mantiene en un estado de alerta permanente. Pues bien, aunque en la vida diaria, la mayoría de nosotros ya no está instintivamente alerta a que un león nos pueda comer, estamos alertas, nos guste o no a “las ideas de otras personas”. Así por ejemplo, una idea puede ser interpretada como amenaza cuando ésta afecta a una de nuestra estructuras mentales que nosotros consideramos esencial (principio, valor, hábito, creencia, etc.) y por tanto la rechazamos y nos resistimos a ella, o bien puede estar tan de acuerdo con nuestros patrones, que rápidamente la abrazamos y la hacemos nuestra – apareamiento.

Lo complejo de todo esto, es que la mayor parte de las veces no somos conscientes de esto y simplemente reaccionamos sin mediar un correcto razonamiento, porque cuando este impulso de “rechazo” o “apareamiento” llega a nuestro neo-córtex está teñido por el impulso instintivo del cerebro reptiliano y del cerebro emocional conocido como el cerebro límbico, el cual le pone el ingrediente de las emociones tales como: temor, miedo en caso de amenaza y, por otra parte, pasión, posesión en caso del apareamiento. Y qué quiero decir con que el neo-córtex está teñido por el impulso del reptiliano y del límbico, es que éste buscará toda la argumentación que tenga a su alcance para sustentar la reacción al estímulo que estamos teniendo, las que muchas veces se traducen en las frases asesinas o suicidas, según sea el caso.

¿Y cómo mejoramos y nos abrimos a las nuevas ideas? La respuesta es simple, pero hacerlo, no lo es porque requiere cambio, un cambio de actitud, y el cambio implica gasto de energía y nuestra biología tampoco nos ayuda a lograr esto porque siempre está intentando que hagamos el mejor uso de ella para sobrevivir y por tanto nos pone freno.

Pero si quieren intentarlo hagan lo siguiente:

  • Siempre que la idea de otro les moleste, deténganse y pregúntense por qué, que creencia, valor o principio de ustedes se está transgrediendo, cuál es la amenaza, en qué los afecta, por qué se activo su “cocodrilo”. Por otra parte, si rápidamente la acogieron, pregúntese por qué, y sigan el mismo razonamiento sugerido para la amenaza. Con este ejercicio se darán cuenta que gran parte de sus decisiones diarias no están determinadas por su razón a pesar de que están utilizando su pensamiento crítico, sino que son más bien decisiones emocionales justificadas por un proceso mental de pensamiento crítico efectuado en su neo-córtex. (nos pasa a todos)
  • Por otra parte, las ideas, en sus inicios, son como “embriones”, es decir; tienen muy poco desarrollo. En el caso de los humanos se requiere del orden de nueve meses para que un embrión se convierta en un ser humano, sin embargo a una idea nos cuesta darle espacio para que se desarrolle y logre ver la luz, y la matamos, literalmente la abortamos. Así que a partir de ahora, cuando les propongan una idea, en vez de asesinarla porque los amenaza, permitan que esta se desarrolle, ¿Cómo? haciéndole preguntas a quien la propone: Qué interesante su idea, ¿Que beneficio podría traer a nuestro negocio? ¿Por qué le parece una buena idea? ¿Por qué le surgió? ¿Qué problema resolvería o qué problema quiere usted resolver? ¿Estaría dispuesto a desarrollarla un poco más para ver si tiene posibilidades? ¿Por qué cree usted que podría funcionar ahora a pesar que alguna vez se intentó y no funcionó? ¿Qué cambió? O bien, apórtenle con ideas o puntos de vista que le permitan a la otra persona mejorar su idea, pero no la destruyan, no la asesinen, a pesar que a ustedes les pudiera parecer una mala idea.

Aprovecho de pasarles un dato. No existen las ideas “malas”. Las ideas sólo sirven o no a un propósito, a un objetivo. Si una idea no ayuda a conseguir ese propósito u objetivo, la descartamos, pero no la calificamos de mala, tal vez podría servirnos en el futuro bajo nuevas circunstancias. Se que muchos podrían no estar de acuerdo con esta afirmación, pero nuevamente, es porque este planteamiento seguro está atentando contra algún valor, principio o creencia que tenemos en relación a las ideas.

Así que, mis queridos amigos, mi llamado es a cambiar de actitud con respecto a las ideas, porque en un ambiente adecuado, en el cual se le da acogida a la creatividad, ésta se puede fomentar y desarrollar, mientras que en otro ambiente inadecuado, donde no es bienvenida, puede ser completamente anulada y, si algo se requiere con urgencia en nuestro país, es que las persona que aquí viven despierten todo su talento creativo para ser mejores personas y podamos tener un mejor país, más rico, más pleno, lleno de oportunidades para prosperar y crecer.

Controlemos al cocodrilo que llevamos dentro, pensemos más allá de nuestras estructuras o patrones mentales y salgamos de la caja, utilicemos correctamente nuestro pensamiento crítico y démosle espacio a las nuevas ideas permitiendo que éstas se desarrollen antes de descartarlas por que atentan contra alguna creencia, valor, hábito forma de comportamiento, sentimientos, principios, etc., etc, que tengamos. Recuerden que cada uno de nosotros interpreta el mundo desde sus propios patrones mentales y nadie tiene la verdad completa, sólo tenemos una mínima parte de esa verdad. La única manera de construir un mundo mejor es co-construyéndolo o co-creándolo con los demás porque de esa forma, todos somos parte. No es fácil, ya lo se, pero debemos hacernos conscientes y actuar en consecuencia.

Un abrazo para todos.

Esteban

P.D.: si te gustó comenta, pregunta. Estaré encantado de responderte.

 

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