!Hola¡ ¿Qué tal? les envío un cariñoso saludo desde Santiago de Chile. A pesar que estamos en invierno, hoy hace un hermoso día soleado y me he instalado en la terraza de mi casa, aprovechando este sol muy agradable para producir vitamina D y escribir la parte II de la práctica del pensamiento creativo.

En Practicando el Pensamiento Creativo o Divergente – Parte I, los invité a descubrir sus cualidades, aquello que los realiza como personas con el objetivo de poner en acción todas su dotes o habilidades creativas.

Pero existen otras muchas formas de practicar el pensamiento creativo. Los hobbies, por ejemplo, son actividades que realizamos porque nos gustan, nos entretienen, interactuamos con otras personas que también practican el mismo pasatiempo que nosotros, aprendemos, colaboramos, desarrollamos nuestra imaginación y por supuesto nuestras habilidades creativas.

El arte, es otra gran fuente de creatividad. Dibujar, aún cuando sea rudimentario, la escultura, la escritura, la pintura, la música, el teatro, la poesía, los trabajos manuales, la carpintería, la artesanía, la danza, en fin, tanta maneras de expresar nuestra creatividad a través de lo que nos realiza como personas.

Observar situaciones y luego describirlas o dibujarlas mejoran nuestro pensamiento creativo. Leer y escribir nos ayuda a desarrollar nuestra imaginación. Ponerse metas creativas tales como; hoy escribiré 10 ideas para ahorrar agua en mi casa o daré 5 ideas para mejorar mi relación con mi hermano, etc., son formas de practicar y jugar a ser más creativos, además de generar soluciones viables a problemas prácticos de la vida diaria.

Imaginar distintos tipos de situaciones y qué haríamos en cada una de ellas o qué pasaría, es sin duda un buen ejercicio de pensamiento creativo. Ya les he hablado de la importancia de la imaginación en la creatividad. Plantéense diferentes escenarios, pueden ser positivos, neutros o negativos, imaginen con la mayor cantidad de detalles posibles todo lo que ocurriría. Por ejemplo, como sería el mundo si no hubiera odio, qué pasaría, cómo serían las personas, sería necesaria la policía o los ejércitos, cómo sería la educación, cómo sería nuestra relación con los demás, con los animales, influiría en nuestra dieta, cómo sería la política, cómo sería nuestra relación con el medio ambiente, cómo sería yo. Luego cambien el escenario a su gusto y hagan ejercicios de este tipo.

Entrevistar a las personas que conoce, preguntarles acerca de lo que les gusta, de lo que los realiza, de sus pasatiempos favoritos, generando espacios de conversación positivos, relajados, amenos, entretenidos, no sólo le permitirá aprender de los demás, sino que también a darse cuenta que todos estamos en una búsqueda, que todos tenemos limitaciones, frustraciones, ilusiones, metas, sueños. Es probable que este ejercicio lo haga un poco más tolerante con los demás y también lo inspire y le permita hacer conexiones inesperadas entre sus ideas y las de las otras personas, cambiando sus puntos de vista, brindándole mayor flexibilidad cognitiva y por supuesto, nuevas ideas.

Si se siente cómodo disfrutando de la naturaleza, hágalo. Usted podría preguntarse en qué me ayuda esto a desarrollar mi capacidad creativa. Pues en mucho porque nos relajamos, nos sentimos más conectados, más serenos, nos ponemos más contemplativos, reflexivos y le permitimos a nuestro subconsciente manifestarse a través de la inspiración, ¡créame!.

La vorágine de la vida diaria nos deja muy poco espacio para la contemplación, para la reflexión, para la conversación y el intercambio de ideas. Queremos que todo sea fácil y ojalá instantáneo. Ver una película es más simple que leer, requiere menos esfuerzo y podría interpretarse como más entretenido, pero desde el punto de vista mental, no es lo mismo. El pensamiento tanto creativo como crítico o analítico se desarrolla mucho más con la lectura y la escritura que viendo películas y también puede ser muy entretenido. Con esto no quiero decir que sea malo ver cine. De hecho la producción de cine, también es una actividad creativa y, ver las películas, puede ser una fuente de inspiración, lo relevante es que debemos matizar y equilibrar las cosas.

Siempre jugando, practique hacer preguntas, muchas preguntas. Póngase un tema. Por ejemplo: la naranja. Mire que simple y hágase preguntas haciendo una larga lista por escrito.

¿Por que son de color naranja? ¿por qué son redondas? ¿Por qué su cáscara algunas veces es rugosa y otras es lisa? ¿Por que su jugo es ácido? ¿En qué época maduran las naranjas? ¿Por qué hay naranjas de mesa y otras de jugo? ¿Por qué algunas son más dulces y otras más ácidas? ¿Por qué dicen que no es bueno comer naranjas de noche? ¿Las naranjas ácidas hacen mal para las úlceras estomacales? ¿Qué tipo de vitaminas tienen las naranjas? ¿Cuál es el aporte nutritivo de las naranjas? ¿De qué país es originario el naranjo? ¿Qué país es el mayor productor de naranjas? ¿Cuál es el mayor exportador? ¿Cuál es el país que más compra naranjas? y un largo etcétera de preguntas. Para hacer este ejercicio puede emplear cualquier cosa que se le ocurra, lo importante es fijarse un tiempo y generar la mayor cantidad de preguntas o ideas en ese período de tiempo. Así podrá comparar su desempeño creativo en el tiempo y entre uno y otro ejercicio. Además, vea como las preguntas abren el espacio para el conocimiento, para aprender. Todas las respuestas a la preguntas realizadas le darían una gran cantidad de conocimiento acerca de la naranja que hoy seguramente no tiene, ¿Verdad?

Otro ejercicio interesante para practicar el pensamiento creativo es tomar un cuento tradicional, como la Caperucita Roja, Blancanieves, La Bella Durmiente, La Cenicienta, Hansen y Gretel y tantos otros, y reescribirlos según diferentes estilos, como por ejemplo reescribir la Caperucita Roja en estilo humorístico o como telenovela o como un documental o como una paya. Las opciones son muchas, explorarlas y practicarlas es su desafío para desarrollar su pensamiento creativo.

También puede practicar ejercicios más tradicionales, siempre estableciendo un período tiempo para poder medir progreso, como por ejemplo: ¿Cuáles son todos los usos que podría darle a una escoba, a un clip, a un ladrillo, a un anillo, a una sartén, a una silla, a un plato, a un tenedor, a un libro, a un fósforo, a una peluca, a un alambre, a una muñeca de trapo, a una servilleta de papel, etc., etc.

Utilizar las estrategias creativas como las descritas en otros artículos de este Blog, es otra forma de practicar. Muchas de ellas se pueden hacer de manera individual o en grupo. Lo importante es atreverse. Seguro que al principio no le saldrá muy bien, pero poco a poco, por medio de la práctica, irá mejorando la aplicación de cada una de ellas y los resultados serán cada vez más satisfactorios.

Recuerden que siempre que practiquen el pensamiento creativo deben tener en cuenta las directrices o normas que lo rigen: diferir el juicio, construir sobre las ideas, producir ideas locas o descabelladas y poner el foco en producir una gran cantidad de ideas.

Y bien, como pueden ver les he dejado bastante material e ideas para jueguen a practicar el pensamiento creativo. No olviden lo básico: Jugar, ponerse un objetivo, hacer listas de muchas ideas. Luego, si queremos ir más allá, las sometemos al juicio del Pensamiento crítico para escoger o seleccionar las mejores, las que tengan mayor potencial.

Anímense a practicar. Por favor dejen sus comentarios. Estos son importantes para mí. Si alguien desea o quiere que trate un tema en particular, adelante, hágamelo saber.

Como siempre, un gran abrazo, Esteban

Y a continuación les dejo el cuento de la Caperucita Roja para que lo reescriban.

Cuento de la Caperucita Roja

Había una vez una niña muy bonita. Su madre le había hecho una capa roja y la muchachita la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.

Un día, su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuela que vivía al otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese por el camino, pues cruzar el bosque era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo.

Caperucita Roja recogió la cesta con los pasteles y se puso en camino. La niña tenía que atravesar el bosque para llegar a casa de la Abuelita, pero no le daba miedo porque allí siempre se encontraba con muchos amigos: los pájaros, las ardillas…

De repente vio al lobo, que era enorme, delante de ella. ¿A dónde vas, niña? le preguntó el lobo con su voz ronca. – A casa de mi Abuelita- le dijo Caperucita. No está lejos- pensó el lobo para sí, dándose media vuelta.

Caperucita puso su cesta en la hierba y se entretuvo recogiendo flores: – El lobo se ha ido -pensó-, no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve un hermoso ramo de flores además de los pasteles. Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la Abuelita, llamó suavemente a la puerta y la anciana le abrió pensando que era Caperucita. Un cazador que pasaba por allí había observado la llegada del lobo.

El lobo devoró a la Abuelita y se puso el gorro rosa de la desdichada, se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperucita Roja llegó enseguida, toda contenta.

La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada. Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes! Son para verte mejor- dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.  Abuelita, abuelita, ¡qué orejas más grandes tienes! Son para oírte mejor- siguió diciendo el lobo. Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes! Son para…¡comerte mejoooor!- y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la niñita y la devoró, lo mismo que había hecho con la abuelita.

Mientras tanto, el cazador se había quedado preocupado y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la Abuelita. Pidió ayuda a un segador y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba.

El cazador sacó su cuchillo y rajó el vientre del lobo. La Abuelita y Caperucita estaban allí, ¡vivas!.

Para castigar al lobo malo, el cazador le llenó el vientre de piedras y luego lo volvió a cerrar. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de cabeza y se ahogó.

En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero Caperucita Roja había aprendido la lección. Prometió a su Abuelita no hablar con ningún desconocido que se encontrara en el camino. De ahora en adelante, seguiría las juiciosas recomendaciones de su Abuelita y de su Mamá.

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