¡Hola! Espero que se encuentren muy bien y estén llenos de energía positiva para enfrentar el día a día, rebosante de desafíos y oportunidades.

El tema de hoy, es un tremendo tema. ¿Sabían ustedes que a medida que crecemos vamos perdiendo nuestra capacidad de hacer preguntas? ¿Qué cuando somos niños estamos muy cercanos a la genialidad y que mientras nos vamos haciendo mayores perdemos esa genialidad? ¿Preocupante verdad? Bueno, de esto hablaremos hoy.

¿Cuantas preguntas hacemos diariamente?

En una investigación realizada por Paul Harris, psicólogo Inglés especializado en desarrollo infantil, concluyo que los niños entre los 2 y los 5 años pueden llegar a hacer unas 40.000 preguntas, es decir; 27 preguntas diarias en promedio, concentrándose la mayor parte de ellas, entre los 4 y 5 años (los resultados de este estudio aparecen en el libro del propio Harris, Trusting What You’re Told: How Children Learn from Others o en español, Confiar en lo que le dicen: cómo los niños aprenden de los demás.

Efectivamente, ya a partir de los 3 años, los niños comienzan a preguntar con mucho ahínco acerca del «Por qué» de las cosas, de cómo ocurren, cuando ocurren, donde ocurren, en fin, entran en un proceso de preguntar y preguntar que parece interminable y, que para muchos padres, profesores y adultos en general, se puede llegar a transformar en un fastidio.

¿Y por que ocurre esto de preguntar?

Según Harris, preguntar forma parte del proceso evolutivo natural de los niños, y su función es la de seguir con su alucinante desarrollo cognitivo y, en esta etapa, en la que el lenguaje se va asentando, quieren más: más lenguaje y más conocimientos. Ya que están sentando las bases del mundo, entendiéndolo. Y es por esto mismo que esta etapa es tan importante.

¿Y cómo aprenden los niños?

Aprenden a través de facilitadores o guías, que son principalmente sus padres o los que ejercen ese rol y, hoy en día, de las Tías del Jardín Infantil al que la mayoría de los niños asiste desde muy temprana edad. Así que el rol de los padres y de las tías, es fundamental para su desarrollo, tanto por las propias preguntas que hacen y por el hecho de preguntar, como por la manera en que los padres y las tías las aborden y atiendan.

Pero es precisamente en esta temprana etapa que los niños ya comienzan a perder su capacidad para hacer preguntas, dado que estos guías (padres y tías) fallan a la hora de guiar a los niños y, más adelante, lamentablemente, también fallará el sistema educativo (el colegio).

¿Y cuáles son las fallas?

En primer lugar aclarar que las fallas en las que incurrimos, y aquí también me incluyo yo como padre, son de variados tipos y, aunque muchas veces no es nuestra intención caer en ellas, hacemos cosas como las siguientes:

  • Ridiculizarlos. Porque la pregunta nos pareció tonta o carente de lógica porque se nos olvida que es un niño el que pregunta, no un adulto y entonces nos reímos del niño, risa que termina afectándolo negativamente impactando su autoestima, ya que se siente cuestionado, no tomado en serio, no amado o simplemente no comprendido. La mayor parte de las veces estos mensajes que enviamos a los niños pueden ser muy sutiles, pero son captados por ellos como algo muy negativo. Más tarde, ya en el colegio, es muy probable que estos niños sean sometidos a situaciones muy similares a las que particularmente a mí y a otros compañeros nos toco vivir, donde muchos profesores se molestaban cuando les hacíamos preguntas, ya sea porque se sentían interrumpidos, les rompía su estructura de clase que tenían preparada para ese día o simplemente les incomodaban. El punto es que muchos de ellos, frente a los «preguntones» procedían con mal trato verbal en público, diciéndonos que éramos tontos, que nunca entendíamos nada, que no estudiábamos y con el agregado adicional de recibir la burla de los compañeros de clase que se hacían parte de la denostación realizada por los profesores (la cultura se genera por imitación y repetición – creación de patrones mentales), todo lo cual nos hacía desistir a la larga de formular nuevas preguntas debido a la sanción social de la que éramos objeto, lo que es altamente probable que ocurra con los niños que se vean o verán sometidos a este tipo de situaciones en la actualidad y en el futuro.
  • Falta de disposición. A no querer responder sus preguntas, ya sea porque estamos ocupados, cansados o nos parece que perdemos el tiempo al hacerlo, olvidándosenos por completo de la responsabilidad formativa que tenemos para nuestros hijos y generando nuevamente un impacto negativo, por cuanto el niño se sentirá poco apreciado, poco digno de recibir atención y quizás un poco abandonado, afectando nuevamente su autoestima.
  • El tema no es apto. A veces nos preguntan cosas que atentan contra nuestras creencias, contra nuestros principios morales o nos ponen incómodos y entonces intentamos desviar la atención o evitar el tema, todo lo cual hace que lo perciban como algo negativo, secreto o «malo» y los haga sentir que están actuando mal (sentimiento de culpa).
  • ¿Porqué a veces parece que preguntan simplemente por llamar la atención. Según Harris, la evidencia científica sugiere que los niños hacen tantas preguntas no para obtener atención, como podría pensarse, sino por pura curiosidad intelectual. Están en pleno desarrollo, y esta es una vía para aprender del mundo. Es cierto que en ocasiones puede ser que lo hagan para que les prestemos atención, pero aún en esos casos, en el fondo, es «hambre de conocimiento». Y cuando no hacemos caso, dañamos su autoestima y en el ánimo de ser aceptados, dejan de hacer preguntas perjudicando, querámoslo o no, su desarrollo intelectual, dado que las preguntas son la base para la obtención de conocimiento y son un elemento esencial para el desarrollo del pensamiento creativo o divergente y del pensamiento crítico o convergente.
  • Hablamos en difícil. En vez de hablar de manera natural, usamos tecnicismo o teorías complicadas, en vez de adaptar nuestro lenguaje al niño, no hablando de manera infantil sino simplemente siendo naturales. Esta práctica hace que los niños tengan la percepción de que sus preguntas son complicadas y las respuestas lo sean aún más, desincentivando así la generación de más y nuevas preguntas.

Así pues, los niños son naturalmente curiosos porque quieren saber más, conocer el mundo. Y casi todos ellos hacen preguntas constantemente, pero en algún momento, la mayoría deja de hacerlo, disminuyendo en mucho la cantidad de preguntas a medida que crecen en años. ¿Y por qué? Bueno, porque existe una presión social producida por las fallas antes descritas de padres, tías, profesores, compañeros de clase y adultos en general, para que abandonen esta maravillosa práctica, Ya que para tener éxito, sentirse amados y ser reconocidos como inteligentes, los niños son inducidos a no hacer preguntas, pero sí a dar respuestas y lo que es peor; a dar la única respuesta correcta, cuestión que no es verdadera, porque pueden existir muchas respuestas correctas a un mismo problema o situación.

Y para concluir, quiero decir que otras investigaciones recientes indican que las preguntas son muy importantes para el aprendizaje. Activan el conocimiento previo, ayudando a los estudiantes a hacer conexiones y descubrir patrones. Ellas involucran a los estudiantes en el pensamiento creativo y crítico. Incluso pueden mejorar su capacidad para recordar lo que han aprendido.

El arte de hacer preguntas «es probablemente una de las herramientas más importantes que tenemos para aprender y comprender», dice Warren Berger, autor del libro “A More Beautiful Question: The Power of Inquiry to Spark Breakthrough Ideas” (La pregunta más bella: El poder de la indagación para desatar ideas innovadoras). «Me gusta usar la metáfora de la pregunta como una linterna, con la que iluminamos lo desconocido – cuanto mejor es la pregunta, más luz brilla», puntualiza Berger.

Gráfica de la pérdida de capacidad de hacer preguntas y de la pérdida de genialidad al crecer

¿Y qué hay de la genialidad asociada a la niñez?

En otro estudio desarrollado por George Land y Beth Jarman contenido en su libro Breakpoint and Beyond: Mastering the Future Today, en español «Punto de quiebre y más allá: dominar el futuro hoy», y que fuera citado por Ken Robinson, escritor de origen británico,, conferencista y asesor internacional sobre educación, considerado un experto en asuntos relacionados con la creatividad, la calidad de la enseñanza, la innovación y los recursos humanos, se indicada que frente a las interrogantes que se plantearon Land y Jarman acerca de dónde viene la creatividad, si es algo innato en el ser humano o se desarrolla con el paso del tiempo y las experiencias vividas y, si se pierde, en qué momento ocurre, por qué ocurre y por qué hay personas creativas y otras que no lo son, decidieron llevar a cabo un experimento entre un grupo de 1.600 niños de ambos sexos, con edades comprendidas entre los cuatro y los cinco años.

Las pruebas que realizaron se enfocaron en examinar el pensamiento divergente de los niños, así como su capacidad para enfrentarse a un problema y buscar la solución mediante ideas creativas.

A continuación les recomiendo que vea el siguiente video donde George Land da cuenta de los resultados de su investigación en una charla realizada en 2011 en TedxTucson y también de los orígenes de esta investigación: https://www.youtube.com/watch?v=ZfKMq-rYtnc&t=587s (en la opción subtítulos puede seleccionar en traducción automática el idioma que desee).

Como pudieron ver en el video, los resultados del test de Land y Jarman fueron increíbles. El 98% de los niños de kinder garden fueron clasificados como genios cuando se trataba del uso del pensamiento creativo o divergente. Este es un ingrediente fundamental a la hora de ser creativos. El 98% de nuestros niños están de manera natural, listos para ser creativos. Todo lo que la educación tiene que hacer es nutrir y cultivar a estos pensadores divergentes. Imaginen una empresa, un hospital, un equipo científico, una granja, una escuela secundaria o la universidad en la que el 98% de la gente es creativa.

Cinco años después, volvieron a realizar las pruebas a las mismas niñas y niños (que en ese momento ya tenían diez años), pero entonces sólo el 30% de ellos fue catalogado como «genios de la imaginación».

Y finalmente, cuando fueron evaluados/as nuevamente a la edad de 15 años, el porcentaje de genios había bajado al 12%: ¿Qué mató en esos diez años su creatividad? Cuando probaron con 200.000 adultos de 30 años, sólo el 2% fueron considerados como pensadores divergentes o creativos. ¿Increíble, verdad?

La creatividad es algo innato en los niños. Ellos nacen siendo seres libres y creativos por naturaleza, pero a medida que van creciendo, e influenciados por diferentes ambientes, tanto en el colegio como en el hogar, la creatividad acaba perdiéndose o reprimiéndose, según las directrices que dictan los adultos de su entorno.

¿Y por qué ocurre esto y cómo podemos evitarlo?

Según explica Land, existen dos tipos de pensamiento que tienen lugar en el cerebro y que funcionan de forma diferente:

Por un lado se encuentra el pensamiento creativo o divergente, que se usa para inventar, generar o crear nuevas posibilidades o ideas y, por otro lado está el pensamiento crítico o convergente, que es el que se utiliza para juzgar, tomar una decisión o evaluar los pros o contras de algo.

El pensamiento creativo o divergente funciona como un acelerador, mientras que el pensamiento crítico o convergente frena todas las ocurrencias y posibilidades nuevas que ideamos.

Las niñas y niños de corta edad utilizan sobre todo el pensamiento creativo o divergente y su imaginación no tiene límites. Pero en la mayoría de los casos, a medida que los educamos y enseñamos, comienza a pesar más el pensamiento crítico o convergente, actuando como un freno a su creatividad.

Resultados del test de genialidad creativa

Este castramiento mental de nuestro pensamiento creativo o divergente «es un hecho brutal (como pueden verlo en el gráfico) de un sistema educativo que está educando a los estudiantes fuera de sus capacidades creativas». Mucho pensamiento reproductivo que es repetitivo, memorístico y sigue patrones para alcanzar altos niveles de eficiencia y minimizar el error y poco pensamiento productivo que combina de manera alternada el uso del pensamiento creativo o divergente y del pensamiento crítico o convergente para alcanzar nuevas formas muchos más creativas de enfrentar los problemas y/o desafíos.

Según Land, «claramente este status quo no es aceptable o sabio para ningún estado que depende, y francamente, necesita desesperadamente pensadores creativos. Los países requieren de empresarios, escritores, científicos, políticos, educadores, artistas que sean pensadores creativos, capaces de resolver problemas,. Tenemos que cuidar y cultivar la creatividad y la diversidad en todos los niños y jóvenes para que puedan crecer en su vida, desafiándose continuamente a sí mismos y a otros para producir ideas originales que aporten valor».

Y eso todo por hoy. Si te gustó este artículo, comenta, comparte.

Continuaré desarrollando la temática de las preguntas en otro artículo que llamaré: La importancia de las preguntas.

Un gran abrazo, Esteban

4 respuestas a “Las preguntas y la genialidad creativa en la niñez

  1. Estimado Esteban, muy interesante el artículo. Al respecto algunas inquietudes. ¿Qué pasaría si en Chile se hiciera un estudio similar?¿Tendríamos motivos para qué?¿Sería útil un lápiz y papel, más que un pañuelo?¿Qué te parece la idea de fomentar el aprendizaje de habilidades creativas a través del juego, a través de las preguntas y desafíos?¿Cuántos quizás se den cuenta de la importancia de este asunto?¿Cuántos quiénes estarían dispuestos a patrocinar proyectos para resolver el problema de la falta de creatividad en la sociedad?¿Qué pasaría si el 30% al menos, alcanzara un alto nivel de creatividad en la sociedad?¿Se estaría ante la posibilidad de un incremento relevante de nuevos emprendimientos innovadores y organizaciones sinergéticas a la altura? Es claro que los esfuerzos e iniciativas deben impulsarse y apoyarse desde las convicciones. Al menos en lo personal, me pregunto qué tan convencido estoy del problema a enfrentar. La respuesta la he estado dibujando, imaginando y sintiendo las últimas 56 horas. El tiempo intenso, el tiempo pensado, un camino de pura felicidad y pasión.

    Un abrazo y gracias por todo lo que aportas e impulsas. Atte Javier

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