¡Hola! Espero que estén muy bien y que todo les haya salido bonito en estos días.

Hoy quiero comentarles acerca de un par de hechos, en el ámbito laboral, que me ocurrieron durante la semana que pasó y que fueron relevantes para mí desde la perspectiva de la creatividad. El primero tiene que ver con el impacto que tiene el liderazgo en la determinación del entorno necesario para darle cabida y desarrollo a la creatividad y la transformación de las organizaciones (contexto creativo). El segundo, está relacionado con los indicadores de la creatividad, a propósito de un ejercicio creativo que realizamos en nuestras oficinas con un Coach el miércoles 13 de Junio.

Pero dado que las temáticas son diferentes, haré dos artículos por separado. Uno de ellos será “El impacto del liderazgo en el contexto creativo” y el otro, “Los Indicadores de la Creatividad” el cual espero poder publicar durante el transcurso de esta nueva semana que comienza. Vamos pues con el primero.

El impacto del Liderazgo en el Contexto creativo

Actualmente nos encontramos haciendo un trabajo de consultoría, mentoring y coaching en dos organizaciones; una de la industria financiera local y, la otra, una multinacional de la industria de la tecnología. Dos culturas completamente diferentes que definen de manera determinante los comportamientos de las personas que ahí trabajan. Sin duda que ambas empresas tienen sus problemas, pero es notable la diferencia que existe entre ambas a la hora de enfrentarlos y resolverlos.

Resulta decepcionante constatar, día a día, que la gran mayoría del management chileno, ya sean directores generales, gerentes generales, gerentes de división, de alguna vertical, de área, departamento, sección, etc., tengan tan poca capacidad de influir positivamente en las personas que están bajo su cargo y de construir culturas pro creatividad, pro emprendimiento, pro innovación. En el mundo de hoy, casi todos estos gerentes ostentan títulos universitarios, han cursado MBA, han realizado cursos y talleres de liderazgo, han participado en programas de coaching para mejorar sus habilidades de liderazgo y, sin embargo, toda esa preparación no se ve claramente reflejada en el ejercicio diario de su liderazgo en sus lugares de trabajo.

Para ser justos, es claro que estos gerentes no tienen toda la responsabilidad, ya que están sometidos, por parte de sus directorios y accionistas a una fuerte presión por resultados, fundamentalmente económicos, muy orientados a la mirada de corto plazo donde se suele administrar por un excesivo control de costos, una fuerte presión sobre las áreas comerciales para que éstas vendan más y donde el mayor foco es fundamentalmente el “core” del negocio, es decir; ocupados mayoritariamente de lo que se fabrica, distribuye y se vende, hoy, sin mirada de mediano y largo plazo, con incentivos perversos que a larga destruyen valor, más que generarlo y donde muchos están buscando sólo mantener sus puestos y sus sueldos, muchas veces a costa de lo que “sea necesario”. ¿Muy humano, no?

Pero a pesar de este panorama un tanto pesimista, todavía es posible encontrase con ejecutivos que están a la altura y que son verdaderos líderes, que se la juegan día a día por quienes dependen de ellos, por lo que creen y por lo que es necesario hacer.

Pero bien, déjenme no más decirles que los líderes son los que crean la cultura, , ya sea de un país, de una empresa, de una familia. La cultura por su parte, determina el comportamiento de los integrantes de ese país, de esa empresa, de esa familia. De ahí la importancia de los liderazgos, porque estos son determinantes a la hora de hacer o no hacer algo, estos pueden hacer que una batalla esté ganada o perdida de antemano, sin siquiera haber disparado una sola bala.

Y este es el caso que quiero comentarles de las dos organizaciones a las que me refería al principio.

En la empresa local que pertenece a la industria financiera, todo resulta ser difícil. Haciendo una analogía, es como estar en una olla llena de queso derretido en la cual estás hundido, donde te cuesta mucho moverte porque estás enredado y pegoteado, te cuesta respirar y te sientes ahogado por el ambiente asfixiante que genera el calor y el olor a queso. Como ven es un ambiente complicado. Cada vez que debo ir a trabajar con este cliente, tengo que prepararme mentalmente para hacerlo. Cuando estoy ahí me siento incómodo, me genera stress, debo cuidar mis palabras, cuidar mi forma de vestir, la forma de relacionarme, es como si no pudiera ser yo, el Esteban de siempre.

¿Y por qué pasa esto? Simplemente porque esta es la cultura que han generado los líderes de esta institución. En la cultura que describo, hay poca espontaneidad, poca honestidad y muy poca creatividad, de hecho la palabra innovación resulta incómoda en muchas de las orejas ejecutivas y si bien para unos pocos resulta “cool”, es sólo de la boca para afuera. Es complicado colaborar, impulsar nuevos proyectos. Los ejecutivos de alto rango tienen objetivos y agendas distintas y, por lo tanto, la toma de decisiones se hace difícil, lenta y es tensa. Al gerente general, si bien cumplen con lo que les pide, no le creen o le creen poco (más problemas de liderazgo) y pareciera que no están interesados en colaborar entre ellos. Sin embargo, le piden a quienes les reportan que trabajen colaborativamente, que mejoren la comunicación interna, que hagan gestión de cambio, que asuman responsabilidades, que se la “juegen”. Y lo tremendo es que esos ejecutivos no se dan cuenta que la cultura es lo que se hace y no lo que se dice y, por tanto, para que la cultura cambie es necesario dar el ejemplo, requiere compromiso con el cambio, con la nueva idea que se quiere impulsar, requiere flexibilidad, adaptabilidad y mucho, mucho trabajo, cosa que pocos están dispuestos a hacer. Claramente estos ejecutivos no tienen claro el “Para qué”, el para que se levantan y vienen a trabajar todos los días, cuál es su propósito. Pero eso sí, contratan a empresas consultoras para que sean ellas las que hagan el cambio que ellos deben liderar e impulsar con el apoyo y la ayuda de las consultoras, no al revés.

Po otra parte, en la empresa multinacional de tecnología con la que también estamos trabajando, la situación es muy diferente. No es en vano que en cuarenta años se haya convertido en una de las empresas más exitosas del mundo con ingresos anuales por sobre los U$ 35.000 millones de dólares. Y si bien también tiene sus problemas, su cultura es completamente diferentes. Ellos son fluidos, muy orientados a los resultados, son pro creatividad, pro innovación, aceptan las nuevas ideas, se atreven a mirarse como son, con lo bueno y lo malo, enfrentan sus problemas y hacen lo posible para resolverlos. Son despiadados, eso sí, con el logro del “número comprometido”, lo cual sin duda les ha generado serios problemas internos de relación, los cuales han afectado el trabajo en equipo y también a sus clientes, pero su flexibilidad, versatilidad y rápida toma de decisiones los impulsa a mejorar y cambiar. Cuando trabajo con ellos, siempre me siento desafiado, puedo ser yo, hablar y plantear las cosas honesta y directamente, sin politequería, abiertamente, porque lo que les interesa es resolver y avanzar. Todo fluye con ellos. Lo que con el cliente de la industria financiera puede tomar muchas reuniones para finalmente no decidir nada o dar diez pasos para atrás, en esta otra se resuelve en una reunión. Es fácil trabajar con ellos, es fácil motivarse y llevarles nuevas ideas, nuevas propuestas. El talento creativo se hace manifiesto y se valora, se le da acogida. ¿Y por qué en esta empresa es diferente? Nuevamente, por sus líderes que han construido una cultura que permite que las ideas fluyan, que se resuelvan los problemas, que se innove y eso hace la diferencia entre una empresa de más o menos la misma edad, en la que una genera U$ 400 millones de dólares al año y la otra genera más de U$ 35.000 millones, con ganancias del orden de los U$ 9.000 millones de dólares al año.

Por tanto, el llamado a quienes deben liderar, a partir de estos ejemplos de mi vida diaria, es claro y urgente. Ojo con su liderazgo porque ustedes crean la cultura, y ésta, determina el comportamiento de las personas que se desarrollan en esa cultura. Recuerden que cuando de creatividad e innovación se trata, un ambiente de trabajo que permita el comportamiento creativo es una de las mayores oportunidades para aquellos que opten por cumplir con el desafío que impone la innovación y la transformación. Hay mucho trabajo por hacer.

Espero les haya gustado este artículo. Si los inspiré comenten, opinen.

Un Abrazo y hasta la próxima,

Esteban

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